El Legado de Emprendimiento e Innovación de Chile

El reciente fallecimiento del expresidente Sebastián Piñera ha dado lugar a una reflexión profunda sobre su legado y su impacto en la economía chilena. Su enfoque en la gestión eficaz, particularmente en momentos de crisis como el terremoto, el rescate de los mineros y la pandemia de covid-19, ha sido ampliamente reconocido. Sin embargo, más allá de estas gestiones puntuales, su visión para fortalecer la economía a través del emprendimiento y la innovación merece una atención especial.

El crecimiento económico sostenido no proviene de grandes reformas aisladas, sino de la acumulación de pequeñas mejoras en diversos sectores, enfocadas en la inversión, la productividad y la creación de empleo. Su administración se destacó por implementar políticas que facilitaban la creación y el cierre de negocios, mejoraban el acceso al financiamiento para pequeñas y medianas empresas y promovían la investigación y el desarrollo a través de incentivos tributarios.

Una de las iniciativas más emblemáticas fue el lanzamiento del programa Start-Up Chile, que no solo buscaba atraer talento emprendedor internacional, sino también conectar a los emprendedores locales con ecosistemas globales de innovación. Este programa se ha consolidado como una política de Estado y es un testimonio de transformar a Chile en una nación de emprendedores.

Para continuar y expandir este legado, se proponen varias estrategias. Primero, es crucial mantener y fortalecer el apoyo gubernamental a iniciativas que fomenten el emprendimiento y la innovación. Esto incluye no solo la financiación, sino también la creación de un entorno regulatorio que facilite la actividad empresarial y reduzca las barreras de entrada para nuevos participantes.

Además, se debe poner un énfasis renovado en la educación y capacitación, asegurando que los futuros empresarios y trabajadores estén equipados con las habilidades necesarias para navegar y triunfar en una economía cada vez más basada en el conocimiento y la tecnología.

La promoción de la competencia es otro pilar fundamental. Un mercado competitivo es esencial para estimular la innovación y garantizar que las empresas sean eficientes y orientadas al cliente. Las políticas antimonopolio y la regulación efectiva son cruciales para evitar la concentración del mercado y garantizar un campo de juego equitativo para todos los participantes.

Finalmente, la colaboración entre el sector público y privado debe ser fortalecida. Las asociaciones público-privadas pueden ser un vehículo poderoso para abordar desafíos complejos, compartir riesgos y aprovechar los recursos y conocimientos de ambos sectores.

En conclusión, el legado en el ámbito del emprendimiento y la innovación ofrece una base sólida sobre la cual Chile puede continuar construyendo. Al adoptar un enfoque holístico que abarca el apoyo gubernamental, la educación, la promoción de la competencia y la colaboración entre sectores, Chile puede asegurar un futuro económico próspero y resiliente.

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