¿De verdad los aranceles explican el déficit comercial de EE. UU.? Una mirada más allá del discurso fácil

Hoy quiero invitarte a mirar con más profundidad un tema que suele repetirse hasta el cansancio en la narrativa económica global: el déficit comercial de EE. UU. es culpa de los aranceles injustos o las barreras puestas por otros países.

¿De verdad? ¿Es tan simple?

Desde mi experiencia liderando procesos de análisis financiero, estrategia organizacional y evaluación de proyectos en diferentes industrias, sé que las respuestas fáciles casi nunca son las correctas. La economía, como la vida, es más compleja de lo que muchos discursos políticos quieren mostrar.

Hoy quiero desmitificar esta idea, tomando dos ejemplos que conozco bien por mi formación y trabajo: la industria farmacéutica y la de semiconductores.

¿Por qué hay déficit si no hay aranceles?

En ambos sectores, los aranceles son prácticamente cero. No existen grandes barreras no arancelarias para el acceso de productos estadounidenses a los principales mercados. Y, sin embargo, EE. UU. sigue importando más de lo que exporta.

Entonces, ¿dónde está el problema?

Farmacéuticas: el déficit no es comercial, es fiscal

Las grandes farmacéuticas estadounidenses hace rato que entendieron el juego global: deslocalizar la propiedad intelectual y la producción para pagar menos impuestos.

¿Por qué fabricar en EE. UU. cuando puedes mover la IP a Irlanda, producir fuera, aprovechar incentivos fiscales y luego reimportar los medicamentos? El sistema fiscal lo permite. No es comercio injusto, es diseño tributario inteligente… o perverso, según cómo se mire.

Esta situación no se arregla subiendo aranceles ni bloqueando la competencia. Se soluciona reformando la estructura fiscal que incentiva esa deslocalización.

Semiconductores: no es cuestión de aranceles, sino de estrategia industrial

El dominio de Taiwán o Corea del Sur en la fabricación de chips no es casualidad. Es fruto de políticas públicas claras, de subsidios bien dirigidos, de visión de largo plazo.

Mientras EE. UU. apostaba a la desregulación y al libre mercado como solución mágica, otros países construyeron campeones nacionales. TSMC es el mejor ejemplo de lo que significa tener un plan industrial serio y sostenido.

¿El resultado? Una dependencia tecnológica que no se arregla con discursos ni con medidas proteccionistas, sino con políticas activas, inversión en innovación y desarrollo local.

Crítica al discurso fácil… y una propuesta necesaria

El mito de los aranceles injustos es una cortina de humo. Una excusa para no hablar de las verdaderas causas del desequilibrio: ✔️ Una estructura fiscal que premia la deslocalización. ✔️ La falta de una política industrial coherente y sostenida. ✔️ La comodidad de echarle la culpa al otro en lugar de hacerse cargo de los propios errores estratégicos.

Si de verdad EE. UU. (y cualquier país que quiera jugar en las grandes ligas) quiere revertir su déficit comercial, necesita algo más que una guerra de tarifas.

Se requiere una reforma fiscal profunda que elimine los incentivos perversos al offshoring y una política industrial ambiciosa que fomente la producción y la innovación local.

Mi reflexión final

Como alguien que cree en la mejora continua y la planificación estratégica basada en datos (no en ideologías vacías), creo que el camino no es la confrontación comercial, sino la autocrítica y la acción estructural.

El mundo no necesita más guerras comerciales. Necesita políticas inteligentes, visión de largo plazo y la capacidad de hacerse cargo de las propias decisiones.

💬 Me encantaría conocer tu opinión: 👉 ¿Qué opinas de esta mirada sobre el déficit comercial de EE. UU.? 👉 ¿Crees que es momento de cambiar la narrativa y apostar por políticas industriales y fiscales más coherentes?

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